Por los Editores de VenEconomía
Esta semana finalizó el primer período de sesiones de la Asamblea Nacional, con un desempeño sumamente precario, al sumar apenas siete leyes aprobadas, entre las que cuentan: una ley orgánica (Contra la Delincuencia Organizada y Financiamiento al Terrorismo); dos especiales (la de Endeudamiento Complementaria para el Ejercicio Fiscal 2012 y la de Presupuesto del Territorio Insular Francisco de Miranda para el Ejercicio Fiscal 2012); una ordinaria (Defensa Integral del Espacio Aéreo) y tres reformas parciales de leyes (de la Ley Especial de Timbre Fiscal para el Distrito Capital, de la Administración Financiera del Sector Público y la Ley Orgánica del Sistema de Seguridad Social).
Este es un pobre trabajo legislativo, que contrasta dramáticamente con la casi veintena de decretos-leyes habilitantes promulgados por Hugo Chávez en el mismo período.
Y que se termina de patentizar cuando se hace un paralelismo entre las pírricas 13 leyes aprobadas por la Asamblea Nacional entre diciembre 2010-junio 2012, y los 54 decretos-leyes promulgados por Hugo Chávez en esos 18 meses que usufructó de los poderes especiales de los que fue revestido por el rojo, rojito parlamento saliente.

Tal como lo demostró la ejecutoria legislativa de Chávez a lo largo de esos 18 meses que duró su habilitación como legislador, lo que realmente perseguía el Gobierno era pasarse a la torera la discusión parlamentaria de las leyes que profundizan el proyecto comunista, dado que se estrenaba un Congreso Nacional con una nutrida participación de diputados de la Unidad Democrática. Esto quedó escrito para la historia cuando el mandatario promulgó sólo dos decretos-leyes relacionados con la emergencia provocada por las lluvias de noviembre-diciembre de ese año, supuesto objetivo de la habilitante, mientras que legisló 52 decretos-leyes sobre cuanta materia le vino en mente, incluyendo leyes orgánicas que supuestamente requieren la aprobación de las dos terceras partes de los legisladores. Entre otras, el dedo del Presidente puso el Ejecútese, sin aviso ni protesto, a la nueva Ley Orgánica del Trabajo y a la reforma del Código Orgánico Procesal Penal.
Mientras tanto, la mayoría parlamentaria oficialista se hacía la vista gorda a las propuestas de la bancada de la unidad democrática, para discutir y aprobar leyes vitales para la ciudadanía, como lo son las relativas a la seguridad ciudadana, al sistema de pensiones, o a la salud.
Otra materia donde salió reprobada la Asamblea Nacional en este período fue al no pedir rendición de cuentas al tren ministerial, a pesar de la insistencia de los parlamentarios de la bancada opositora.
En lo que sí fue dadivosa la Asamblea Nacional fue en aprobar 118 créditos adicionales a los ministerios y a otras instituciones públicas, que ascienden a Bs.84 millardos, más del 60% del Presupuesto Nacional de 2012.
Es decir, el Poder Legislativo en tiempos de revolución ni legisla ni parlamenta, sólo sirve como una espléndida caja chica para alimentar el manirroto gasto gubernamental.
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