Por los Editores de VenEconomía
Este 25 de julio Caracas, la ciudad capital de Venezuela, llegó a su 445 aniversario.
Lejos quedó la campestre Caracas de los techos rojos, la que transitaba Isidoro con su carreta, esa Caracas a la que tantas canciones compuso en varias décadas el maestro Luis María Billo Frómeta. Transformación inevitable en la transición hacia la modernidad, que incorporó importantes obras de valor arquitectónico para diferentes usos artísticos, culturales, recreacionales, viales, hospitalarias, urbanísticos y educacionales.
La prensa nacional hizo esta semana amplios reportes sobre estas obras, entre las más emblemáticas representantes de diferentes épocas se cuentan: los teatros, Municipal y Teresa Carreño; los museos, de Bellas Artes, de Arte Contemporáneo y el Museo del Niño; La Plaza de El Silencio, la Plaza Venezuela y su fuente multicolor, la más moderna de Latinoamérica de entonces; el Paseo Los Próceres y el de Los Ilustres; El Teleférico de Caracas, el parque del Este y el del Oeste; las autopistas, La Araña, la Caracas-LaGuaira, la Francisco Fajardo, La Cota Mil; el Metro de Caracas; los hospitales, Pérez Carreño, el José María Vargas, el JM de los Ríos, el del Llanito, el Anticanceroso y el Antituberculoso; urbanizaciones como El Cafetal, 23 de Enero, El Valle, Caricuao, Parque Central y Prados del Este; la Ciudad Universitaria y la Universidad Simón Bolívar. En fin cientos de obras que situaron a Caracas como una de las más modernas y de avanzada en la región.

Es llover sobre mojado, decir que la cacareada revolución castrochavista, no sólo no ha construido ni una milésima de estas obras sino que, como lo ha hecho en otras áreas vitales, ha dejado de hacer mantenimiento. También es reiterativo decir que Caracas muestra hoy, tras 14 años la peor cara en suciedad, contaminación ambiental y sónica, congestionamiento de tráfico, calles, avenidas y autopistas derruidas, hospitales en abandono, así como nunca antes, cifras rojas de las miles de víctimas de la delincuencia que la colocan en el ranking de las más violentas del mundo. Pero eso sí Caracas, como todo el país, repleta de vallas publicitarias haciendo loas a un líder único y alabanzas a logros que sólo existen en la mente afiebrada de unos pocos de sus seguidores.
Sin embargo, la esperanza no está vencida. Todavía existen miles de caraqueños que buscan la Caracas humana, más “vivible” y menos violenta.
Algunos de ellos se reunieron ayer en la sede de El Nacional en el foro Los Defensores de la Ciudad, y anunciaron la creación de un observatorio de ciudad y la incorporación de Caracas a la Red de Ciudades Cómo Vamos, con el apoyo del Grupo Social Cesap, la Universidad Católica Andrés Bello y la Fundación Miguel Otero Silva. Además de suscribir un manifiesto declarando su voluntad “de trabajar incansablemente en la tarea de convertir a Caracas en un lugar más amable, habitable, ecológico, transitable, productivo y abierto a la convivencia pacífica de sus habitantes”.
Iniciativas como estas serán las que hagan la diferencia en el camino al progreso que emprenderá el país el 7 de octubre.
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