Por los Editores de VenEconomía
A medida que se acerca el 7-O, crece la preocupación de los ciudadanos por las posibilidades de que se concrete un fraude electoral.
Los precedentes en la última década en Venezuela corroboran que la élite en el poder es propensa a la manipulación, al ventajismo y a imponer cualquier artimaña legal – o ilegal – que beneficie su perpetuación en el Gobierno. Hoy el fraude está intrínsecamente ligado en el sistema electoral nacional.
Es un fraude a la Nación el claro desbalance (4 a 1) a favor del chavismo en la Directiva del Consejo Nacional Electoral.

Es un fraude a la Constitución la promulgación de una Ley que cambió un sistema de representación proporcional electoral, para imponer un sistema de mayorías, que logró la “magia” de que el oficialismo con menos votos que los obtenidos por la alianza democrática, pudiera copar más escaños que ésta en la Asamblea Nacional.
Se comete fraude en las regiones cuando se manipulan las circunscripciones electorales para conquistar más representación del oficialismo en los cuerpos deliberantes.
También es una forma de fraude a los ciudadanos el claro ventajismo en la exposición del candidato-Presidente en los medios de comunicación. Por ejemplo, cuando encadena los medios audiovisuales para promocionar sus actos proselitistas; cuando se utilizan los medios de comunicación del Estado para favorecer la propuesta del oficialismo, mientras se limita la información de los actos del candidato de la unidad democrática; o cuando se obliga, mediante la Ley Mordaza, a que todo medio audiovisual disponga gratuitamente 10 minutos diarios para promocionar la obra del Gobierno.
Es un fraude a la inteligencia del venezolano que el CNE se declare incompetente para normar las cadenas presidenciales y los mensajes del Ministerio de Comunicación e Información, mientras da a los candidatos sólo tres minutos diarios en los medios para dar su mensaje electoral. O cuando las cuatro chavistas de la directiva del CNE se hacen la vista gorda ante las violaciones del candidato-Presidente a las normas electorales.
También se busca concretar un fraude cuando se quiere posicionar en la opinión pública que el candidato-Presidente es invencible.
Así como es fraude al elector cuando desde el oficialismo le siembra la desconfianza de que el Gobierno tiene el poder de saber por quién votó, reforzando esa percepción de vulnerabilidad con la imposición de un Sistema Automático de Identificación (SAI), mejor conocido como captahuellas.
Los técnicos de la MUD son unánimes en su convicción de que el captahuellas no vulnera el secreto del voto, y sostiene que el verdadero fraude se comete en las mesas electorales y que el mismo se puede evitar con la vigilancia extrema de los testigos en toda y cada una de las mesas.
Así, la clave para garantizar el respeto a la voluntad popular el 7-O está en: (1) Los 120 mil testigos (tres por mesa) que la Unidad Democrática tendrá en todo el territorio nacional, respaldados con 80.000 venezolanos más en actividades de apoyo logístico, legal y político en la jornada de votación y, (2) en el voto masivo, consciente y concluyente del venezolano demócrata.
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